Silvia González se llamaba la chica que estaba tumbada a sus pies. Daniel todavía sentía el temor recorriendo sus venas, pensando que él habría podido evitar aquel asesinato. ¿Pero por qué le esperaban?.
Tras cientos de preguntas que le hicieron los policías; la desesperación y el temor casi habían desaparecido ya que no había dormido nada desde hace más de veinticuatro horas.
Daniel inició su camino hacia el "Lugar fresco oriente" para dormir aproximadamente hasta las 3 de la tarde y así poder ir a casa de Susan.
Llegó a la recepción. A pesar de ser un motel, la recepción era un lugar muy espacioso, con abundancia de espejos y letreros extraños con letras árabes que no llegó a entender. Daniel dio una vuelta por esa recepción y no vio a nadie; Daniel se dirigió al mostrador y pulsó el botón de la mesa para que le atendieran. Nada.
Se dirigió hacía la calle, pensando que dormiría ahí y maldiciéndose por tardar tanto. Cuando se disponía a salir, alguien le tocó el hombro.
- Perdone por la tardanza señor. Bienvenido a "Lugar fresco oriente". ¿Qué desea? - me preguntó el recepcionista, dándose cuenta que tenía un pantalón vaquero con una camiseta de tirantes blanca.
- Buenas noches, me gustaría saber si hay alguna habitación libre para uno o dos días.
- Espere, voy a mirar en el ordenador a ver si queda alguna libre-. Cuando estaba tecleando el recepcionista, Daniel se fijó en sus manos; estaban impregnadas de tinta negra reciente, dejando manchas en las teclas.
- Hay una habitación libre, la R3, es espaciosa con una cama individual, televisión y cocina.
- ¿Hay cuarto de baño en la habitación?- pregunté.
- No, es compartido, hay dos baños en cada planta, disculpe las molestias.
El recepcionista le dio la llave en la mano y algunas advertencias sobre el uso de la ducha, la música, etc...
Daniel se dirigía hacía el ascensor, cada vez le quedaba menos para poder cerrar los párpados y descansar después de un duro día de información y acontecimientos.
- Espere señor - le paró el recepcionistas, aumentando el tono de voz - el ascensor está estropeado, deberá subir por las escaleras.
"Joder, 4 plantas andando", pensó Daniel. Frustrado, empezó a subir esos escalones que cada vez se hacían más pesados y cada vez más altos.
Llegó a la habitación, cerró la puerta y sin encender ninguna luz se tiró sobre la cama; no tardó ni 3 minutos en que sus párpados por fin se cerrarán. Fue un día agotador.
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- Haber hijo, tenemos una serie de números por ejemplo 421 - 270 - 111 - 259, que harías con esos números - decía mi padre.
- Pues... supongo que los restaría, ya que el signo es lo que marca ¿no? - Contesté decididamente
- Error, nunca te fíes de los signos que hay, algunos pueden ser muy engañosos, por ejemplo el de un producto vectorial y una multiplicación, prueba otra vez - decía mi padre, sonriente.
- ¿Productor qué? - contesté con temor a ese conjunto de palabras
- Nada hijo olvídalo, te voy a dar una pista para que lo resuelvas, debes hacer lo contrario de lo que ves - dijo mi padre, otra vez con su aspecto serio - volveré en 30 minutos, que tengo una reunión con un amigo, luego vengo para ver si lo has conseguido resolver.
- "Lo contrario de lo que ves..." - Me quedé pensando a ese conjunto de números, pero nada yo lo único que veía eran un conjunto de números insignificantes y sin sentido. Me levanté de la silla para ir al servicio, cuando escuché a mi padre hablando por teléfono con su amigo.
- ¿Cómo que vais a jugar al solitario?¿Tú solo?
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- ¿Cómo, qué es un juego real?
...
- ¿Yo una carta, qué carta?
...
- Paso del juego, no me involucres más con este tema - Colgó el teléfono con una mezcla de ira y miedo por lo que podría pasar, lo marcaban sus facciones de la cara. Suspiró y giró la cabeza mirándome a los ojos, el temor que transmitía aquellos ojos me hizo estremecerme.
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Sonó el despertador, el día volvía a empezar pero ahora con alguna idea de lo que estaba ocurriendo, el flash back que tuvo Daniel cuando era pequeño le ha hecho recordar dos cosas: la primera, que el juego de cartas en el que estaba involucrado su padre tiene que ver con su asesinato y el de Silvia; y la segunda y más importante, que su padre le dio las pistas para resolver la primera indicación.
"Lo contrario de lo que ves..."