viernes, 14 de enero de 2011

El inicio

Todo estaba oscuro, tanto que yo no era capaz de mirarme las manos sobrepuestas en las sábanas de la cama; hice un ligero pero costoso movimiento para incorporarme. Estaba sudando, era un sudor frío, como si estuviera enfermo. Pero en cuestión de segundos supe que ese sudor se había provocado por la misma pesadilla de todas noches, esa pesadilla que no me dejaba dormir desde hace tres semanas. Me levanté de la cama por el calor que hacia en aquella pequeña habitación donde intentaba vivir el día a día.
Me dirigí directamente a la cocina, donde estaba esperándome como todos los días desde hace tres semanas lo que me aliviaba el cuerpo y me hacía dormir nuevamente, cogí el primer cigarro que salió del paquete y encendí el mechero, sintiendo como la sustancia de aquel cigarro inundaba mi cuerpo y se extendía por mi organismo hasta llegar a los pulmones, mientras yo contemplaba la llama que producía una simple chispa con un poco de gas que contenía aquel mechero.

Aquella había sido la rutina de Daniel desde hace 3 semanas, hasta que en ese mismo momento, sonó el teléfono. Ese momento inesperado provocaría el cambió del día a día de Daniel.
- ¿Quién es el que llama a las tres de la madrugada estropeando mi sueño?- mentía Daniel molesto.
- Daniel Fernández Peña, ¿eres tú?, soy Noelia, llamo del hospital de la Vega de Barcelona, tengo malas noticias - Daniel se preguntó qué sería lo que aquella chica tenía que decirle, temiendo lo peor que podría pasar - Verá Daniel, Luis Fernández Ochoa, su padre, acaba de fallecer por un accidente de tráfico.

Daniel no podía creer lo que estaba escuchando de la recepcionista, no podía pensar que eso podría ser verdad. Asustado, colgó el teléfono rápidamente, apagó el cigarro que tenía en la mano antes de que lo soltará por los temblores que le producía aquella noticia y salió de casa directo para Barcelona. La pesadilla de Daniel se había vuelto realidad.

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