611-123-310-001-213-900-720
"Una serie de números sin relación alguna, como en el pasado.." pensó Daniel. Él sabía perfectamente que esos números tenían una relación directa con "Lo contrario de lo que ves..". Se sentó en la mesa de la cocina para intentar averiguarlo. Empezó a escribir lo que él veía de inicio que eran restas, empezó a restar: "-1657", sabiendo perfectamente que no era eso.
Estuvo una hora intentándolo, mirando a ver que podría ser.Pero no consiguió nada. "Dimito.." dijo Daniel en alto.
Decidió ir a comprar algo para comer ya que no había comido nada desde que abandonó el hospital. Él no conseguía olvidarse de esos malditos números de tal manera que los empezaba a aborrecer.
Al llegar al supermercado, pensó rápidamente que quería de comer. vió una docena de huevos, situada a la izquierda de la entrada, pero para poder llegar tenía que dar toda la vuelta. De camino a por los huevos cogió una bolsa de patatas fritas congeladas cuando de repente observó que en un producto de los congelados se encontraba la pista que necesitaba.
Nervioso por el nuevo descubrimiento, pagó y salió corriendo del supermercado.
Llegó al motel y subió a la habitación subiendo los escalones de 2 en 2. Abrió la puerta y se dirigió a la carta.
- ¿Lo contrario de lo que ves, no? - Con nerviosismo empezó a escribir la solución
611+123+310+001+213+900+720= 2879
Seguía sin tener mucho sentido, había vuelto a fallar pero sería la última vez; Daniel se dio cuenta que "Lo contrario de lo que ves" es lo contrario de lo que veía, lo contrario de la resta era una suma. Escribió lo ultimo que creía que funcionaría; La suma de los 3 números en uno:
6+1+1= 8
1+2+3= 6
3+1+0= 4
0+0+1= 1
2+1+3= 6
9+0+0= 9
7+2+0= 9
¡Era un número de teléfono!.
Daniel cogió el teléfono de la habitación y empezó a marcar; por fin había resuelto el misterio que le producía el malestar que tenía en el cuerpo.
Segundo pitido. Tercer pitido. Cuarto pit...
- ¡Daniel! Estaba esperando que me llamaras, no creía que tardaras tanto -. Dijo la voz
No podría ser verdad, el miedo volvió a su cuerpo; le entraban ganas de llorar por escuchar aquella voz que para mí era tan familiar. Aquella voz que no esperaba que estuviera detrás de todo.
- Debe de ser una broma - dijo Daniel.
Era la voz de Susan.